
Ya no sería más la misma, aquella carnosa mujer que le agradecía misma publicidad de Brahma al bisturí, que robaba piropos a su paso, y dejaba paralizados a sus fanáticos con sus movimientos de caderas. Despertó después de un gran espectáculo, en el cual ella y sólo ella era la estrella del show.
Sentía el cuerpo hecho trizas, ¿habré bailado tanto? se preguntaba, las manos las sentía ásperas y cuarteadas, decidió mirarse en el espejo porque no podía creer lo que le estaba sucediendo, pero en ese espacio no había espejos, por el contrario el ambiente era tan angosto y mal oliente que solo levantando el rostro pudo ver la luz de la calle.
Ahora su mirada sólo daba asco y repugnancia y con suerte esquivaba los pasos de aquellos hombres, los mismos que gozaban con cada uno de sus movimientos.
“Ya no serás más la escultural y monumental mujer”, decía la voz de su conciencia, ella no lo podía creer, quería despertar de esa pesadilla, pero lo único que encontró fue su triste realidad, era una rata de alcantarilla.
Sentía el cuerpo hecho trizas, ¿habré bailado tanto? se preguntaba, las manos las sentía ásperas y cuarteadas, decidió mirarse en el espejo porque no podía creer lo que le estaba sucediendo, pero en ese espacio no había espejos, por el contrario el ambiente era tan angosto y mal oliente que solo levantando el rostro pudo ver la luz de la calle.
Ahora su mirada sólo daba asco y repugnancia y con suerte esquivaba los pasos de aquellos hombres, los mismos que gozaban con cada uno de sus movimientos.
“Ya no serás más la escultural y monumental mujer”, decía la voz de su conciencia, ella no lo podía creer, quería despertar de esa pesadilla, pero lo único que encontró fue su triste realidad, era una rata de alcantarilla.
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