
Era él, quien con sus goles había hecho de mis días verdaderas fiestas, era él quien me enseñaba a saber ganar y perder en esta vida. Ahora iba al estadio y no para una final de copa, sino al final de sus días, los días del eterno capitán crema, Lolo Fernández.
Bueno hay que reconocerlo Lolo es grande! aunque no se crema, no todo es perfecto al 100% ;-) . Esta muy bueno tu blogg!
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